1. Diá-Logos. Dos “logoi” que andan. Andan en el Logos (Palabra).
2. Logos como Palabra auténtica.
3. Autenticidad dada por señalar o mostrar y, tal vez, Decir “la Cosa” (Realidad).
4. “La Cosa” como lo que se nos presenta en su puridad originaria.
5. Pueden señalarse diversas caras de “la Cosa”. Como si se mostraran diversos lados del “cuerpo” de la Cosa.
6. De aquí se desprende la posibilidad de la equivocidad del Decir la Cosa. Esto es, la Cosa es susceptible de múltiples y diversas maneras de interpretarla o comprenderla.
7. Pero, se señala a la misma realidad. Pues, lo Real (Cosa) es Uno. Por esta razón, no estamos autorizados aquí, a hablar de “realidades diversas y/o múltiples”.
8. La Cosa puede ser reflejo del Pensar. (En este sentido podemos, decir oportunamente, junto con el Filósofo de Stagira, que “el alma es todas las cosas”; y pensar también que el Ser y el Pensar son uno y lo mismo, como perentoriamente lo ha establecido Parménides).
9. Por eso, la Cosa, o la Realidad mostrada, es como un espejo que refleja al cognoscente.
10. La mirada que el sujeto cognoscente realiza de la Cosa es siempre intencionada (de intentio, tendere: tender hacia algo) e interesada (de inter-esse: “estar entre”, supone la tendencia a participar de algo).
11. A partir de esto, entendemos que la Realidad mostrada por el cognoscente puede estar mediada noéticamente (de “noema”: “pensamiento en tanto objeto del pensar”. Los “noemas” son el contenido de lo pensado, las ideas, las nociones), según grados.
12. Esta mediación noética supone la capacidad propia del cognoscente de llevar a cabo y tender hacia el velamiento o develamiento, sea parcial como total, de la Cosa (Realidad). Por ello es que es posible notar que en el acercamiento del cognoscente a la Realidad, éste suela manipularla tanto en exceso como en defecto.
13. Esta intencionalidad interesada lleva en sí todo el bagaje subjetivo del cognoscente.
14. La subjetividad informa (in-forma: da forma, configura) a las mediaciones noéticas “utilizadas” por el cognoscente en el encuentro con la Cosa. De esto, dependerá la comprensión de lo Real.
15. Del libre arbitrio del sujeto depende la importancia que adquieran dichas mediaciones frente al papel que juegan las cualidades y categorías intrínsecas de lo presente.
16. Ahora bien, pareciera que no sólo del cognoscente depende el velamiento o develamiento de la Cosa, ya que, de acuerdo con las circunstancias ésta actúa como si ella misma se nos ocultaría o desocultaría.
17. Entonces, tenemos que el ocultamiento o el des-ocultamiento parece que puede ser causado tanto por el libre arbitrio del cognoscente como por la Cosa misma.
18. En lo que a la acción del cognoscente se refiera, éste puede esquivar o tapar – tal como hemos establecido en el punto 12 – la mostración natural de la Cosa (Realidad). El esquivo o el ocultamiento intencionado e interesado de lo que se presenta, de lo auténticamente real, puede resultar “nocivo” para los dialogantes al momento de señalarlo y decir “algo” de ello.
19. Mucho más nocivo para los andantes y su andar, puede resultar el crear representaciones noéticas muy subjetivas y hacerlas pasar como si fuesen la Realidad (Cosa) misma, en sí.
20. En esta instancia el diálogo desaparece. Porque uno de los andantes (logoi) en esta acción se autoexcluye. Al no permitir que la Cosa se muestre en su puridad originaria, ya no anda éste en el Logos; en otras palabras, ya no Dice la Palabra auténtica. Sino que, lo que se señala es una mediación representativa muy subjetiva de aquello que se presenta como Real.
21. Entonces, el autoexcluido pierde la autenticidad. Por no mantener la correspondencia entre el Pensar y la Cosa (Real. Ser).
22. Más la Cosa (Realidad), velada o no, mediada o no, siempre será reflejo de quien la señale como tal.
23. (Por si nos interesa, en última instancia, nos atrevemos a decir que es el juicio de la Realidad misma el más determinante).
24. Mientras tanto, Sólo anda el Develado; Aquel que cuida siempre la autenticidad y mantiene viva la coherencia y correspondencia entre la Palabra y la Cosa.
Saludos.
Nacho.